
A punto de cumplirse el centenario del Quinto Congreso de Solvay, donde científicos como Albert Einstein, Marie Curie, Erwin Schrödinger o Werner Heisenberg sentaron las bases de la física moderna, la mecánica cuántica vuelve a emerger como motor de una nueva revolución tecnológica, esta vez de la mano de la inteligencia artificial.
Hoy, modelos como ChatGPT o Gemini han transformado la forma en que trabajamos y nos comunicamos, pero su despliegue masivo tiene un coste elevado en energía y hardware. Según Luis Ignacio Vicente, consejero estratégico de Pons IP, la computación cuántica será clave para resolver este cuello de botella: permitirá procesar grandes volúmenes de datos de forma más eficiente gracias a los cúbits, capaces de manejar múltiples estados simultáneamente, reduciendo así el consumo energético y optimizando el rendimiento.
Lejos de sustituirse, ambas tecnologías están llamadas a evolucionar juntas. La IA será necesaria para interpretar los resultados de los sistemas cuánticos, mientras que la cuántica permitirá mejorar la eficiencia y capacidades de los algoritmos inteligentes. El resultado será una informática híbrida, donde sistemas clásicos y cuánticos trabajen en paralelo para abordar problemas hasta ahora inabordables.
Este potencial ya ha despertado el interés empresarial. En España, grandes compañías como Santander, BBVA, Telefónica, Iberia o Renfe están explorando aplicaciones cuánticas, mientras que a nivel global IBM lidera la investigación. En este contexto, figuras como Darío Gil reflejan el peso del talento español en posiciones estratégicas internacionales.
Ese liderazgo se apoya en un dato revelador: 20 de los 100 principales expertos mundiales en tecnologías cuánticas son españoles. Entre ellos destaca Juan Ignacio Cirac, que sitúa la llegada de la computación cuántica comercial entre 2030 y 2035. Este conocimiento se está trasladando al ecosistema emprendedor, con startups como Qilimanjaro Quantum Tech, Multiverse Computing o LuxQuanta, especializadas en procesadores, algoritmos y ciberseguridad, y capaces de atraer inversión internacional.
En paralelo, la carrera global por dominar esta tecnología se intensifica. Estados Unidos y China lideran el registro de patentes y el desarrollo de estándares, claves para capturar el valor económico de la innovación. Europa, apoyada en su red de investigadores y proyectos como Quantum Spain, aspira a cerrar esa brecha.
En este escenario, la computación cuántica se perfila como el complemento imprescindible de la inteligencia artificial: la tecnología que no solo multiplicará su potencia, sino que permitirá hacerla viable a gran escala. La “hermana pequeña” que, en última instancia, puede convertir la promesa de la IA en un negocio sostenible.
Fuente: El Economista. Más información en el siguiente enlace


